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Axel Alarcón Daher, el nadador que superó la hemiplejia y se coronó Campeón Mundial de aguas frías en El Calafate

A sus 23 años, el atleta esquelense compite a la par de deportistas sin discapacidad, rompe marcas en certámenes internacionales y entrena en múltiples turnos sin perder el enfoque en su carrera universitaria. “Si yo llegué hasta acá, puedo lograr más”, afirmó.

De la adversidad a la cima mundial: La historia de autosuperación de Axel Alarcón Daher

El deporte no solo fortalece el cuerpo, sino que también reconfigura la determinación personal. A sus 23 años, Axel Xavier Alarcón Daher, oriundo de la ciudad de Esquel, se ha consolidado como un referente insoslayable de la natación en aguas abiertas y frías de la Patagonia. Tras sufrir un grave accidente en 2017 que le produjo una hemiplejia en su pierna izquierda, el joven deportista convirtió la rehabilitación en una plataforma para competir en el más alto nivel.

Lejos de retirarse de la práctica deportiva, Axel eligió medirse de igual a igual en categorías generales junto a nadadores sin discapacidad. “Yo cuando participaba con el equipo de la Escuela Municipal de Esquel competía con chicos sin ninguna discapacidad y me ponía yo mismo a prueba para ir mejorándome y poniéndome en la cabeza que la discapacidad que tengo no es un impedimento para poder lograr los objetivos que me pongo por delante”, destaca.

A partir de 2021 y 2022, su desarrollo continuó en representación provincial con Chubut Deportes en los Juegos EPADE y de la Araucanía. A comienzos de 2023, motivado por sus profesores, dio el salto hacia las aguas abiertas en la Laguna La Zeta y el Parque Nacional Los Alerces, marcando el inicio de una ascendente trayectoria competitiva.

Un escenario extremo: la Copa Mundial en el Canal de los Témpanos

La competencia donde el joven chubutense alcanzó la cima mundial no fue una fecha más. Organizada por la asociación Nadando Argentina en conjunto con la International Winter Swimming Association (IWSA), la Winter Swimming World Cup 2026 marcó un hito histórico al disputarse del 2 al 9 de agosto de 2026 por primera vez fuera del continente europeo.

El evento reunió a alrededor de 250 nadadores provenientes de 15 países en un escenario imponente y despiadado: se montó una piscina flotante artificial en el Canal de los Témpanos del Lago Argentino, directamente frente a la cara norte del majestuoso Glaciar Perito Moreno.

Bajo intensas nevadas patagónicas y en aguas gélidas que promediaron los 2 °C, el certamen impuso un estricto reglamento: quedó totalmente prohibido el uso de trajes de neopreno, por lo que los atletas debieron sumergirse vestidos únicamente con mallas tradicionales, antiparras y gorro de natación.

En dicho certamen internacional compitió en diversas pruebas de velocidad y resistencia. Tras obtener ubicaciones entre los diez mejores en 25 y 50 metros y consagrarse subcampeón en los 200 metros libres (detrás de un nadador ruso), alcanzó la gloria máxima en los 300 metros de aguas abiertas, coronándose campeón mundial en su categoría.

“Largué los 300 en aguas abiertas y quedé primero, campeón mundial en mi categoría. Así que súper contento. Mis compañeros me dicen que les genero admiración y orgullo, que más que un logro les lleno de orgullo”, expresa Axel sobre la recepción de sus pares.

Disciplina, estudio y trabajo en equipo

Para lograr estos rendimientos, Axel sostiene un entrenamiento diario que combina gimnasio, natación personalizada con su entrenadora Gisella Finochiaro, prácticas nocturnas con el grupo Máster y sesiones periódicas en aguas abiertas en La Zeta sin traje térmico. En su vida cotidiana únicamente requiere el uso de una válvula ortopédica en la pierna para desplazarse, la cual se retira antes de ingresar al agua.

Todo este esfuerzo convive con su formación académica: actualmente cursa la Licenciatura en Terapia Ocupacional, una carrera universitaria directamente vinculada con la rehabilitación y la autonomía, conceptos que encarna en su propia vida.

En este camino, Axel subraya la importancia del trabajo interdisciplinario que realiza junto a su entrenador personal Iñaki Rey, su psicólogo deportivo Juan Cruz Bougnibarri, su nutricionista Cecilia Godoy, su entrenadora y el sostén constante de su familia.

Entre sus próximos compromisos deportivos se figuran la tercera fecha del grupo Máster en Puerto Madryn (el 5 de septiembre) y el cierre de temporada en la pileta del Club Huergo de Comodoro Rivadavia (el 31 de octubre).

Un mensaje de resiliencia

Al reflexionar sobre el impacto de su historia y el consejo para quienes atraviesan procesos de cambio rotundos en sus vidas, Axel deja una enseñanza directa:

“Nunca hay que bajar los brazos, siempre hay que mantenerse firmes. Si no lo pudiste lograr hoy, mañana será un día nuevo para poder lograrlo. La cabeza siempre te puede jugar en contra de decir ‘no voy a poder’, pero vos tenés que lograr hacer ese parate y decir: ‘Si yo llegué hasta acá, puedo lograr más’. Así que no me puedo dar por vencido estando donde estoy hoy en día”.

Habitar las aulas, derribar barreras: el enorme logro de Mili Barría

Detrás de cada título universitario hay horas de estudio, exámenes y mates compartidos. Pero para Mili Barría, recibir su diploma de Técnica en Redacción y Corrección de Textos en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) representa una conquista mucho más profunda. A sus 27 años, Mili no solo transitó las exigencias académicas de la carrera; también tuvo que atravesar un camino lleno de obstáculos invisibles para la mayoría.

Como persona con discapacidad, su paso por las aulas fue una lección diaria de perseverancia. Desde enfrentar prejuicios y comentarios desalentadores de quienes debían acompañarla, hasta lidiar con las trabas cotidianas de una infraestructura universitaria que no contempla la accesibilidad física. Mili demostró que los ritmos diferentes no anulan las capacidades.

Hoy, mientras continúa su formación en la Licenciatura en Comunicación Social, utiliza sus redes y sus textos para visibilizar realidades, fusionar su pasión por la literatura y hacer escuchar su propia voz. En esta primera parte de la entrevista, Mili nos abre las puertas de su experiencia: el significado profundo de habitar la universidad, las deudas pendientes de la educación inclusiva y el orgullo de demostrar que los sueños no entienden de límites.

-Mili, ¿cómo fue la cursada de esta tecnicatura durante estos años?

 El significado que tiene para mí es muy profundo porque representa un gran logro personal y también una muestra de todo el esfuerzo que hay detrás de este camino. Para muchas personas puede parecer simplemente avanzar en una carrera universitaria, pero para mí significa mucho más, significa haber superado obstáculos, miedos, dudas y situaciones que no siempre fueron fáciles.

Yo sé que mi camino puede ser más difícil porque no siempre puedo hacer las cosas al mismo ritmo que muchos de mis compañeros. A veces necesito más tiempo, más paciencia o buscar otras formas de aprender y avanzar, pero eso no significa que no pueda lograrlo. Al contrario, cada paso que doy tiene un valor enorme porque detrás hay compromiso, constancia y muchas ganas de seguir adelante.

“Poder visualizarme como una persona con discapacidad transitando una carrera universitaria me llena de felicidad y orgullo. Me demuestra que, aunque existan barreras, también existen posibilidades. Que la discapacidad no define mis sueños ni limita mis capacidades”.

-¿Quiénes te brindaron los apoyos más importantes en la universidad?

Mayormente mi familia. En la universidad tenés que demostrar constantemente que podés y te ponen distintas trabas. Una de las mayores dificultades fue haber tenido profesores que, en lugar de acompañarme, me hicieron sentir que no podía.

Hubo momentos en los que escuché frases muy duras, como que la universidad no era una guardería, o comentarios que ponían en duda mi lugar dentro del espacio universitario. Esas palabras duelen, porque una llega con ganas de aprender, de formarse y de construir un futuro, y encontrarse con ese tipo de respuestas hace que el camino se vuelva más pesado. Incluso en mi carrera actual, comunicación social, hubo momentos en los que no recibí la accesibilidad necesaria para poder realizar trabajos o avanzar como correspondía.

A veces no se trata de no querer hacer algo, sino de no contar con las herramientas, los tiempos o las adaptaciones necesarias para poder hacerlo en igualdad de condiciones. Sin embargo, también reconozco que esos casos fueron pocos, y que en esta ocasión me encontré con profesores más abiertos, más dispuestos a escucharme y a trabajar conmigo. Eso marca una gran diferencia, porque cuando hay predisposición, el aprendizaje se vuelve posible y más humano.

También está la dificultad de la accesibilidad dentro de la universidad. Hay cuestiones que pueden parecer pequeñas para otras personas, pero que en mi día a día hacen todo más complicado. Ascensores llenos de gente, que no se baja cuando me ve, escalones enormes, elevadores que a veces no funcionan, como el del comedor, y una entrada principal con una rampa demasiado larga que, especialmente en invierno, se vuelve mucho más difícil de transitar.

Son detalles que quizás para muchos pasan desapercibidos, pero para una persona con discapacidad pueden significar cansancio, incomodidad, dependencia o directamente una barrera para acceder a un espacio. Por eso, este logro tiene un valor tan grande para mí, porque no fue fácil, porque no solo tuve que estudiar, rendir, hacer trabajos y cumplir con las exigencias de la carrera, sino también enfrentar prejuicios, falta de accesibilidad y situaciones que muchas veces me hicieron sentir que tenía que esforzarme el doble para demostrar que podía estar ahí.

-Contame sobre tu próximo objetivo académico, qué significa para vos continuar con tu formación?

Actualmente estoy estudiando la Licenciatura en Comunicación Social, una carrera que me permitió abrir nuevas puertas y, sobre todo, animarme a darle valor a algo que siempre quise hacer, crear contenido y hacer escuchar mi voz.

“Para mí, estudiar comunicación social no es solo formarme profesionalmente, sino también encontrar herramientas para expresarme, contar mi historia y transmitir mensajes que puedan llegar a otras personas. Poder hacer contenido significa ocupar un espacio, comunicar desde mi propia voz y demostrar que las personas con discapacidad también tenemos mucho para decir, aportar y transformar“

-Mili, hoy ya sos una gran comunicadora porque a través de tus redes vas difundiendo tu mirada. ¿Cuáles son los temas que a vos te apasionan y sobre los cuales querés seguir comunicando?

Me gusta mucho la literatura, el análisis de ella, justamente trato de unir temas con la discapacidad.

-¿Te gustaría escribir un libro? O ya la estás escribiendo, capaz.

De hecho, está en edición, pero no tengo tiempo.

-¿Pero nos podés adelantar de qué se trata?

Es una fantasía vikinga que vincula a una mujer con una discapacidad.

En otro tramo de la entrevista, Mili también nos habla de su faceta como deportista y el mundo de la boccia, un deporte paralímpico de precisión y estrategia que se convirtió en su gran motor de superación personal.

-¿Cómo se juega a la boccia? ¿Qué satisfacciones te genera este deporte?

La boccia es un deporte paralímpico de precisión y estrategia, similar a la petanca. Está pensado para personas con parálisis cerebral, lesión cerebral o discapacidad física severa que utilizan silla de ruedas.

El objetivo es lanzar bolas rojas o azules para acercarlas lo más posible a una bola blanca, llamada diana, mientras se intenta alejar las bolas del rival. El año pasado tuve la oportunidad de participar en los Juegos JADAR, que son juegos preolímpicos donde se reúnen distintas disciplinas deportivas, entre ellas la boccia. Fui convocada por el Comité Paralímpico gracias a mi participación y desempeño en campeonatos regionales.

Para mí fue un orgullo enorme y también un privilegio poder compartir ese espacio con jugadores de la Selección Nacional. Estar ahí fue una experiencia muy importante en mi vida. No solo por la competencia, sino por todo lo que aprendí, por las personas que conocí y por la posibilidad de verme ocupando un lugar dentro del deporte adaptado a nivel nacional.

Para mí, la boccia no es solo un deporte, es una forma de superarme, de compartir, de aprender y de demostrar que las personas con discapacidad también podemos competir, representar y cumplir nuestros deseos.

Mili no solo habitó las aulas; las transformó. Con cada examen preparado, cada mate compartido y cada obstáculo superado junto a su familia, abrió un camino para quienes vienen detrás. Hoy, como técnica, futura licenciada, escritora en potencia y deportista de élite, nos demuestra que tener un ritmo propio jamás anula la capacidad de brillar con luz propia. Su voz no solo reclama accesibilidad; reclama el derecho fundamental de todas las personas a ocupar un espacio, a ser escuchadas, a competir y a hacer realidad sus propios sueños.