Con el sello patagónico de Khaleb Manzur, la Selección Argentina dejó su huella en la máxima cita mundial de fútbol en sillas de ruedas motorizadas, un deporte que desafía los límites, construye autonomía y transforma vidas.
El Parque Olímpico de la Ciudad de Buenos Aires se convirtió en el epicentro mundial de una disciplina que trastoca las reglas de lo posible al albergar el Campeonato Mundial de Powerchair Football, reuniendo a los diez mejores seleccionados del planeta. Entre la emoción contenida, el vértigo de cada jugada y el calor de una hinchada vibrante, la Albiceleste protagonizó un torneo inolvidable —ubicándose en el cuarto puesto tras disputar un certamen de altísimo nivel— y demostró que la pasión y la estrategia superan todas las barreras físicas.
Dentro de ese plantel de jerarquía internacional, el espíritu de la Patagonia surcó la cancha con nombre propio: Khaleb Manzur. Con 24 años, este comodorense radicado en Buenos Aires no solo se consolidó como una pieza clave del seleccionado nacional revalidando el talento que lo llevó a trascender en este deporte, sino que combina su alto rendimiento deportivo con una sólida formación profesional. Es periodista deportivo, posee un máster en management deportivo y el año que viene comenzará la carrera de director técnico, además de desempeñarse institucionalmente como vocal de River Federal y River Sin Barreras en el Club Atlético River Plate.
Para él, vestir la camiseta celeste y blanca en un mundial disputado en el país representa mucho más que una competencia de elite. Es la materialización de un camino de 13 años practicando la disciplina, forjado a base de esfuerzo colectivo, constancia y la profunda convicción de que el deporte adaptado reescribe realidades.
“Estar en un Mundial representando a tu país es una sensación difícil de explicar con palabras, pero cruzar la cancha sabiendo que mi familia, mis amigos y toda la gente de Comodoro están empujando desde allá te da una fuerza extra. Este deporte nos devuelve el rol de atletas, de competidores netos; acá no ven la discapacidad, ven la estrategia, el vértigo y la entrega con la que jugamos cada pelota”, reflexiona Khaleb con la intensidad de quien vive el fútbol como un motor vital.
Más que un juego: autonomía, vértigo y comunidad
El Powerchair Football se juega 4 contra 4 en sillas de ruedas motorizadas de competencia profesional, combinando una alta exigencia táctica, técnica y física con impactos intensos propios del juego. En este escenario, el deporte funciona como una poderosa herramienta de transformación social y personal, brindando independencia y sacando a los atletas del rol de asistidos para ubicarlos en el centro de la escena.
“El Powerchair te cambia la vida desde el momento en que te subís a la cancha y entendés que sos parte de un equipo, que tenés responsabilidades tácticas, que tus compañeros dependen de vos y vos de ellos. Te da una independencia mental y emocional única. Te quita el lugar de ‘asistido’ y te pone en el centro de la escena como deportista”, subraya Manzur sobre el profundo impacto que la disciplina genera en la vida cotidiana.
Detrás de cada jugada en la pista hay un engranaje fundamental de redes de contención, familias y clubes que impulsan la actividad. El paso de la Selección Argentina por este Mundial, con el sello inconfundible del talento patagónico de Khaleb Manzur, deja una huella indeleble y demuestra que el deporte adaptado es una realidad vibrante, federal y transformadora.




