La iniciativa, impulsada por la profesora y técnica en acompañamiento terapéutico Macarena Mendoza, está orientada al acompañamiento de personas con desafíos en el neurodesarrollo a través del deporte, la socialización y el desarrollo de la autonomía. Propone salir del espacio terapéutico tradicional para fomentar la independencia en situaciones de la vida real.
El proyecto, que comenzó en marzo del año pasado con una matrícula reducida, hoy cuenta con alrededor de nueve alumnos divididos en grupos de infancias y adolescentes. El propósito principal es brindar herramientas prácticas que sirvan para la vida cotidiana, saliendo de las dinámicas de los consultorios tradicionales. “La práctica real que tenemos con los chicos requiere de mucha prueba y error para que haya un aprendizaje significativo. Sale del espacio de las terapias convencionales, de estar en espacios cerrados, para ir a terreno firme”, explicó Mendoza.
Un abordaje integral basado en tres pilares
Proyecto Inclu estructura su propuesta en tres estímulos semanales donde se abordan el deporte, las habilidades sociales y la autonomía. La natación es una de las actividades centrales y el fuerte de la propuesta: durante los meses fríos se realiza en la pileta municipal de Kilómetro 8, mientras que en el verano se trasladan al mar para practicar natación en aguas abiertas con trajes de neoprene y las medidas de seguridad correspondientes.
En paralelo, las actividades destinadas a la autonomía incluyen dinámicas que simulan o ejecutan directamente situaciones cotidianas en la vía pública. El grupo de adolescentes, por ejemplo, planifica menús, toma el colectivo, asiste al supermercado para seleccionar y pagar los productos, y posteriormente cocina y organiza el espacio de trabajo. “Son todos trabajos de frustración que trabajamos con los chicos en vida real; es sumamente satisfactorio ver los avances”, destacó su fundadora, añadiendo que también incorporan la accesibilidad tecnológica enseñando a usar aplicaciones bancarias, virtuales o de transporte.
Inclusión real y articulación institucional
Aunque el espacio está diseñado principalmente para personas con diagnósticos como autismo, TGD o TDAH —y cuenta con cobertura mediante el Certificado Único de Discapacidad (CUD) a través de obras sociales—, Proyecto Inclu ha recibido a alumnos sin desafíos en el neurodesarrollo que eligen el lugar por afinidad con el grupo. “Eso me pareció fantástico, porque es lo que tendría que pasar. Es lo que pasa en las escuelas y en la sociedad”, afirmó Mendoza.
El éxito del programa radica también en la articulación constante con los equipos interdisciplinarios de los concurrentes (psicólogos, terapistas ocupacionales y escuelas) y en un fuerte lazo con las familias, buscando que las decisiones dejen de recaer exclusivamente en los padres. “Pisamos fuerte en que ellos tomen la decisión de qué es lo que quieren comer, dónde quieren ir, si tienen ganas de hacer tal cosa o no. Acá ganan muchísima autonomía haciéndolos parte de su desenvolvimiento y de sus deseos”, remarcó la profesional.
Presente y proyección
Con sede física en el barrio Próspero Palazzo (Juan José Paso 191), el proyecto dicta actualmente sus talleres por la tarde: los lunes, miércoles y sábados para adolescentes, y los martes, jueves y sábados para el grupo de infancias. Ante la creciente demanda, la organización evalúa ampliar la disponibilidad horaria de cara al próximo año.
Al ser consultada sobre su máxima aspiración para este emprendimiento, Macarena concluyó: “Quizás no tanto en lo material, sino generar la mayor autonomía posible en los chicos; ese es mi gran sueño, que sean autónomos y que este espacio les sirva para su vida”.
Las familias interesadas en conocer la propuesta o sumarse a las actividades pueden comunicarse vía WhatsApp o llamada telefónica al número 297-430-3320, o ver el registro diario de actividades en su cuenta de Instagram: @proyecto.inclu




